El paradigma de las nuevas formas de trabajo

27 diciembre 2006 (Cinco días)


A finales del siglo XIX y hasta día de hoy, el trabajo de oficina se configuró a imagen y semejanza de los procesos industriales, es decir, estructurado como el gran gestor de la información sobre papel. Los circuitos de tramitación estaban constituidos por personas y máquinas que actuaban con unas reglas perfectamente establecidas. Todos los trabajadores eran sustituibles por otros como si de engranajes de una máquina se tratara: La eficacia global estaba garantizada por la existencia de unas buenas reglas de funcionamiento. El modelo se rompe con la llegada de las Tecnologías de la Información que consiguen automatizar el control de los procesos industriales y cambiar así los sistemas de producción tradicionales y, en mayor medida, los de oficina por ser más intensivos en el uso de la información. 


El avance de la Tecnología de la Información permite, por ejemplo, que cada coche de una cadena de montaje se individualice para cada cliente y lo mismo sucede con los servicios sanitarios o los comerciales que, a través de Internet, pueden también personalizarse para cada usuario. En este contexto la adaptación y la flexibilidad, y no la masificación y la planificación, son los nuevos valores que configuran el nuevo paradigma. Proporcionar a cada cliente lo que precisa es lo más importante. 


En el trabajo tradicional, de la Sociedad Industrial, todos los puestos de trabajo son iguales para una misma tarea. En el nuevo concepto, la gama de tareas que realiza un trabajador son más amplias y, consecuentemente, también han de serlo los entornos y las herramientas puestos a disposición del mismo. Teniendo claros los objetivos, la eficacia se consigue permitiendo a cada trabajador desarrollar cada tarea en el entorno más adecuado para ello. 


En ocasiones conviene estar en las dependencias del cliente, en otras lo mejor es desarrollar el trabajo en la oficina y algunas veces lo más eficaz es hacerlo desde el propio domicilio. La conectividad que proporcionan las redes de comunicación así lo permite. En el paradigma de las nuevas formas de trabajo, de la Sociedad del Conocimiento, no hay puestos reservados para cada profesional, como en el trabajo tradicional, sino que en cada ocasión se utiliza el que mejor se adecua a su necesidad. A veces uno tiene que estar aislado, en otras ocasiones se requiere interaccionar fuertemente con su equipo o reunirse con un cliente, etc. 


Y la información, que es fundamental para desarrollar el trabajo, ya no es necesario que esté soportada sobre el papel, como en el trabajo tradicional, sino por los soportes digitales, mucho más manejables además de sostenibles. Así, los profesionales del siglo XXI, estén donde estén, pueden acceder cómodamente a la información oportuna y desarrollar su trabajo con mayor productividad. 


En definitiva las bases sobre las que se sustenta el desarrollo el paradigma de las nuevas formas de trabajo son tres. La organización del trabajo que permite marcar, y evaluar, los objetivos a los procesos y a los profesionales, sin la cual no sería posible el trabajo en red. La disposición de entornos de trabajo, flexibles y adaptados para cada uso, sin los cuales no se optimizaría la eficiencia. La tecnología que permite el acceso en todo momento y lugar de la información, y del conocimiento, y la gestión de los propios procesos organizativos y de uso mencionados anteriormente.


© Josep Vila 2014