Carlos I de España y V de Alemania

10 febrero 2016



Carlos I de España y V de Alemania

 

Esta frase o también la de “Carlos rey de España y emperador de Alemania” me la enseñaron el la escuela, en época franquista, pero también se la enseñaron a mis hijos y es frecuente verla en los medios de comunicación en la actualidad. Si analizamos  esta frase no con los ojos de nuestro contexto moderno, sino  con los de la primera mitad del siglo XVI vemos que ni existía Alemania, ni existía España. Y ni Carlos era rey de España ni tampoco emperador de Alemania.

 

Veámoslo con detalle. Carlos fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano  en 1530 por la dieta de electores de esta singular institución. En efecto esta institución ha sido única en la historia ya que es poco comparable con otras organizaciones políticas que han existido. En la época de Carlos, el emperador, era una figura de gran prestigio en Europa pero no gobernaba sobre los territorios sobre los que imperaba. Ni recaudaba impuestos ni disponía de ejército propio, ni promulgaba leyes.

 

Como emperador, los territorios que le rendían homenaje eran extremadamente variados: por el norte el territorio de Holstein, Bohemia, Moravia y Silesia, y la mayor parte de los Países Bajos; por el sur Carniola en las costas del Adriático; por el oeste, abarcaba el condado libre de Borgoña y Savoia; Génova, Lombardía y Toscana en tierras italianas; en el centro Sajonia, Renania, Austria, etc. Y un innumerable grupo de ciudades libres.

 

En palabras de Voltaire:

“Esta aglomeración que se llama, y todavía se nombra a sí mismo como Sacro imperio romano, ni es sacro, ni es romano, ni es imperio”

 

El emperador para conseguir sus fines utilizaba los recursos del reino o ducado de donde era originario. En el caso de Carlos fue Castilla su principal fuente, dado el potencial económico que poseía, especialmente gracias a las riquezas de sus territorios de las Indias recién descubiertas y explotadas.

 

Dada la variedad y descentralización del poder en los príncipes de dichos territorios, el emperador tenía un papel fundamentalmente de mediador en los conflictos tanto internos como externos. Por ello gozaba de un prestigio importante sobre todos ellos y ser emperador era muy atractivo. Pero nada tenía que ver con el imperio inglés del siglo XIX, ni con el impero bizantino, ni con el imperio romano de Augusto,  que Carlomagno quiso remedar con el nombre de Sacro Imperio Romano. Finalmente fue disuelto en 1814 por el emperador Francisco I para evitar que cayera en manos de Napoleón, tras perder en la batalla de Austerlitz. De los más de 50 territorios y ciudades independientes, que lo conformaban entonces, surgieron los diversos países de la Europa Central, entre ellos Alemania.

 

Pero conseguir el título de emperador era muy difícil y caro. Lo intentaron también, sin éxito, Fernando II de Aragón, Francisco I de Francia y Alfonso X de Castilla, entre otros.

Para evitar problemas sucesorios, dado que no era un título hereditario sino electo, se instituyó el título de rey de Romanos para el pretendiente a sustituir el emperador. Un título que no tenía nada que ver con la ciudad de Roma ni con los estados pontificios, de los que era soberano el Papa. Más bien era un título como el de príncipe de Asturias en la monarquía actual española.

 

Carlos fue elegido rey de Romanos en 1520 mientras se encontraba en Barcelona jurando los fueros de Cataluña para obtener, de las cortes catalanas, el título de Conde de Barcelona y el derecho a ser su soberano. Como lo había hecho anteriormente en las cortes de Aragón y en las de Castilla. Las de Valencia las tuvo que dejar para más adelante por tener que marchar a Maguncia por el motivo de su elección como rey de romanos.

 

Si es atrevido llamar a Carlos emperador de Alemania, veamos que pasa con lo de rey de España. A la muerte de su abuela Isabel, fue promulgada reina de Castilla su madre Juana, junto con su marido Felipe de la casa de los Habsburgo, en 1506. Mientras que su abuelo Fernando II de Aragón, continuaba al frente de la corona aragonesa, una vez abdicó como rey Fernando V de Castilla. Al cumplir la mayoría de edad, en 1516, Carlos fue proclamado rey de Castilla, pero las cortes castellanas le obligaron que lo fuera junto con su madre la reina Juana, a la que mantuvo recluida, supuestamente por loca, durante toda su vida.

 

Fernando, no habiendo tenido descendencia de su nuevo matrimonio con Germana de Foix, aceptó que su nieto Carlos heredara también la corona de Aragón, junto con su recluida hija Juana, como se hizo en Castilla. Pero no firmaron documento alguno como reyes de España. Sin embargo sí que, desde diversos documentos y monedas, se referían a ellos con este nombre. Veámoslo.

 

El título de emperador de España ya era utilizado por los reyes de Asturias y después por los de León. Como puede verse en la orla del sello real de Alfonso VII de León, donde se lee “ADEFONSUS IMPERATOR HISPANIE” que demuestra su esperanza de recuperar, para su causa, la totalidad de la Hispania romana. Es decir la península ibérica. España en sentido geográfico.

 

También, este sentido territorial, se puede ver en este comentario de Pietro Martire d'Anghiera, capellán de Isabel la Católica:

“Reyes de España llamamos a Fernando y a Isabel, porque poseen el cuerpo de España; y no obsta, para que los llamemos así, el que falten de este cuerpo dos dedillos, como son Navarra y Portugal”

 

En las monedas de 4 Maravedies, acuñadas en México en 1536, se muestra un escudo de Castilla rodeado por “CAROLUS ET IOHANA REGES” y, en el reverso, las columnas de Hércules rodeadas por la leyenda “HISPANIE ET INDIARVM REGES”. Denotando, en ambos casos, denominaciones geográficas no políticas.

 

Mientras que en otras, acuñadas en Zaragoza en 1547, figura en el anverso, la inscripción  “IOHANA ET KAROLUS REX ARAGONVM” rodeando el escudo cuatribarrado de la corona de Aragón y, en le reverso, aparece el escudo con la cruz de san Jorge y las cuatro cabezas de moro del reino de Aragón. Aquí se muestra sus títulos correctos de reyes de Aragón.

 

Siempre lo cercano con el detalle político y lo lejano con el genérico territorial. Por lo tanto el título, de lo que se ha traducido como Reino de España, era a los ojos de sus coetáneos el de “Monarquía hispánica”, como referencia a la institución que tenía la soberanía sobre todos, o casi todos, los reinos de la península.

 

Fue Felipe V de Castilla, y IV de Aragón, el que suprimió los fueros de todos los reinos peninsulares y los unificó, introduciendo en ellos, las leyes castellanas, así como la acuñación de la moneda. También, a partir de él, la numeración de los reyes también siguió la de los reyes de Castilla. De esta forma el rey actual de España es Felipe VI por que se cuenta a Felipe el Hermoso, marido de Juana, como Felipe I de Castilla. Mientras que no fue soberano de la Corona de Aragón por reinar todavía su suegro Fernando II de Aragón.

 

Por este motivo algunos consideran a Felipe V como el forjador de la monarquía española y del reino de España como unidad política. Otros opinan que fueron las cortes de Cádiz, con la promulgación de la primera Constitución española, la que debe considerarse como antecedente de la nación española, de la misma forma que las demás naciones europeas surgidas tras el hundimiento del orden napoleónico. Entre ellas la que acabó siendo la actual Alemania.

 

Y siguiendo el proceso de construcción nacional, en 1925 el “Diccionario de la lengua castellana”, cuya primera edición data de 1780, pasó a denominarse “Diccionario de la lengua española”. Enviando al espacio exterior las otras lenguas de la Hispania peninsular.

 

Consecuentemente, podemos concluir que los estados nacionales son “lo que han resultado ser”. Es decir que se han construido, o destruido, siguiendo una trayectoria no lineal, fruto del fuego, la sangre y el azar; y no como consecuencia de un designio divino o exigencia geográfica. Las simplificaciones suelen ocultar la riqueza de las situaciones que han conformado nuestro presente, cuando no tratan de promocionar determinados intereses partidistas.

 

Para acabar cabe decir que los seguidores de la frase, que encabeza este escrito también suelen decir que España es la nación más antigua de Europa. Sin tener en cuenta que si Carlos era el primero de España pero el quinto de Alemania, por pura aritmética, quizás Alemania, de haber existido, sería la más antigua.

 

 


 

 

 

 

 

 

© Josep Vila 2014