El Latín

Interlaken (Suiza) 1987

16/11/2013


Habíamos planificado unas vacaciones familiares junto con unos amigos de Madrid. Siempre íbamos juntos a la Vall dAra, en el Pirineo catalán, desde hacía muchos años, así que decidimos irnos, esta vez, a los Alpes. 

Totalizamos cuatro adultos y seis muchachos. Por lo que no hubo más remedio que alquilar una casa de dimensiones importantes que conseguimos encontrar cerca de Interlaken. Como la habíamos alquilado por catálogo a través de Interhome no teníamos más indicaciones que las que mostraban los papeles. En principio parecía estar bien ubicada, en plena naturaleza lejos de la población, pero con buenas comunicaciones con los lugares que estábamos interesados en visitar.

Como nuestro alquiler comenzaba a primeros de agosto, coincidiendo con la salida y entrada masiva de turistas, planeamos encontrarnos en Calafell, donde estaban mis hijos, para cenar y salir con nuestros coches en horas nocturnas, con la esperanza de encontrar menos tráfico.

Así lo hicimos pero nuestros planes no resultaron acertados. Pasamos la frontera a media noche en plena caravana de vehículos. Afortunadamente a las tres de la madrugada pasamos cerca de Avignon con los chicos durmiendo. Y al amanecer pasamos la frontera suiza con los adultos durmiendo, por turnos, y los chicos despiertos.

Llegamos a Interlaken, a media mañana, y seguimos el camino con las indicaciones de la documentación que nos habían dado. Subimos un monte, llegamos a un altiplano y, en un cruce, el camino que seguíamos se internó por un frondoso bosque. Continuamos hasta llegar a una preciosa y enorme casa de madera. 

La excitación y la belleza del lugar nos había hecho olvidar el cansancio. Siguiendo el correteo de los chicos, dimos la vuelta a la casa y vimos que la parte posterior daba a un barranco que se abría sobre un lago al fondo, rodeado de altísimas montañas nevadas.

Era mucho más de lo que nunca hubiéramos imaginado. Pero nadie nos salió al encuentro. La casa parecía deshabitada. Bien cuidada pero sin rastro de personas ¿nos habíamos equivocado de casa? La duda nos asaltó por un momento.

Los mi amigo y yo revisamos concienzudamente los mapas y las indicaciones. Los posibles errores de interpretación que podían darse y empezamos a considerar alternativas de caminos compatibles con la interpretación de las indicaciones. Deducimos que posiblemente nos habíamos equivocado varios kilómetros antes de llegar aquí.

Entonces fue cuando mi mujer encontró una nota manuscrita enganchada con una chincheta en la puerta interior de la casa, detrás de la antepuerta principal. La nota estaba en alemán. Consideramos entonces que lo más probable era que no nos hubiéramos equivocado de camino y que la nota era para nosotros. Pero ninguno de nosotros sabía alemán. 

El personal juvenil estaba hambriento, con razón, pero no podíamos entrar en la casa para preparar algo como habíamos, también, previsto. Así que decidimos dejar un coche con las mujeres para dar de comer a los jóvenes, con las escasa provisiones que nos quedaban, y marchar nosotros con el otro en busca de ayuda. Siempre con la esperanza de que la nota fuera para nosotros.

Al salir del bosque paramos en la explanada desde la que se divisaba un pequeño pueblo hacia abajo y varios caminos que se dirigían hacia las montañas de los alrededores. Vimos entonces dos caminantes que bajaban por uno de los senderos.

Esperamos a que llegaran junto a nosotros. A medida que se acercaban vimos que se trataba de dos mujeres delgadas, con faldas y un pañuelo que cubría su cabeza, que caminaban con prontitud hacia el cruce donde estábamos nosotros.

– Good evening — les abordé cortesmente — Do you speak english?

– Nein — dicen moviendo ambas su cabeza de lado a lado.

– Es que vous parlez francaise? — insisto de nuevo.

– Nein — vuelven a decir con cara compungida.

– ¿Italiano? — pruebo con el cuarto idioma del país .

– Nein, nein — repiten al unísono.

– ¿Español? — pruebo por si acaso, pero sin fe alguna.

– Nein, nein, nein — repiten, esta vez, riendo. No se si esto de español les suena a toros, fiesta y flamenco.

– Bueno muchas gracias de todas formas — digo por pura cortesía y a modo de despedida.

Le digo a mi amigo que no tenemos más remedio que ir al pueblo de abajo y probar suerte. Aunque ya se veía que no íbamos a tenerla. Empiezo entonces a barruntar un plan B. Era domingo y la agencia que nos proporcionó el alquiler estaría cerrada por lo que sería inútil llamarles por teléfono. Quizás no tendríamos más remedio que pasar la noche en un hostal y ver que podíamos solucionar al día siguiente. 

Entonces suenan las campanas lejanas de una iglesia. Y me surge una disparatada idea. Me dirijo hacia las mujeres que ya emprendían el camino hacia el pueblo y me pongo delante de ellas.

– ¡Latin! — les digo mostrando la nota frente a ellas — Latin transferret.

Inconscientemente algo me había llamado la atención en ellas. El ir cogidas por el brazo bajando por el camino, el pañuelo en la cabeza, los colores apagados de los vestidos, no se qué. Pero las campanas hicieron subir de mi inconsciente a mi mente la convicción de que eran monjas.

– Ya — dicen mostrando una amplia sonrisa.

Efectivamente son monjas. Hay un poco de luz en nuestra situación. Ahora falta que pueda recordar el latín que me obligaron a aprender tediosamente durante varios años en el colegio. No entiendo todo lo que nos dicen pero es suficiente.

La nota era para nosotros. El propietario dice, en la nota, que ha tenido que salir y que está en el restaurante o fonda, o algo así, del pueblo. Que volverá mas tarde y, lo más importante, que las llaves están colgadas en el cuarto de los trineos junto a la antepuerta. 

Les dimos las gracias y volvimos lo más rápido posible a la casa. Donde encontramos, en un piknic improvisado, a todo el mundo sentado sobre el césped de la entrada. Sin muchas explicaciones fuimos raudos a comprobar si lo había entendido correctamente y que las llaves estaban donde nos habían traducido. 

Efectivamente estaban allí. Todavía no se como entendí lo de los trineos, seguramente lo entendí, más tarde, al verlos en el cuarto donde estaban las llaves.

Bueno la casa era la nuestra. Era una maravilla y un buen presagio de unas estupendas vacaciones. Como así fueron.


Josep M. Vilà

16/11/2013


© Josep Vila 2014